El texto recoge artículos publicados en un periódico aragonés. Son reflexiones breves, la mayoría de una página, pero densas, profundas. Es como si pretendiera comunicar un pensamiento filosófico propio. Su punto de partida son sus conocimientos sobre el mundo antiguo y la mitología. Aprovecha los mitos para ahondar en la psiquis contemporánea y radiografiar las pasiones humanas, así como las creencias tanto sanas como perversas. Su prosa está repleta de imágenes que utiliza con un artificio poético que hace placentera la lectura.
Las palabras adquieren otros sentidos; el resultado práctico es la reconceptualización de las palabras o la asignación de otros sentidos. Conjuga los preceptos filosóficos con la vida cotidiana como si dijera que lo que ocurre hoy fue recordado ayer.
Esta muestra prosística transluce la asimilación que de la sabiduría griega posee la autora. Convence al lector de que las máximas filosóficas antiguas aún guardan vigencia. A pesar de sus profundos planteamientos, se desborda su rebeldía y una genuina humildad.
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