Introducido por un atinado Prólogo escrito por la Prof. Migdalia Fraticelli Torres, Heredar en paz está estructurado en 30 capítulos distribuidos en cuatro partes. Cada capítulo comienza con un breve texto narrativo. En realidad no los concibo como varios cuentos según los nomina la autora, sino un cuento largo segmentado de acuerdo al tema legal que desarrolla. Cada capítulo termina con la sección titulada Refléjate aquí que intenta llevar al lector por el camino del pensamiento reflexivo, a que piense con detenimiento. No todo es como se piensa que es. Así como debemos reflexionar sobre la muerte en vida, también debemos hacerlo con todas las circunstancias que rodean la pérdida de un familiar.
El contenido del libro evidencia las esclarecedoras palabras de la prologuista, licenciada Fraticelli: “Una mujer culta, preparada en las artes del derecho y la escritura, luchadora, sensible y llena de experiencias y de afectos que le permiten atender el tema de la obra con competencia y soltura, pero, sobre todo, con conocimiento y sensibilidad”. (12)
La licenciada Díaz ha recogido las disposiciones que sobre el Derecho de Sucesiones aparecen en el nuevo Código Civil de 2020. Ha sido una labor de traducción, pero en este caso de un español jurídico a un español muy cercano a lo cotidiano. Nadie niega que el tratamiento de las herencias sea tema “complicadísimo” [280]. La complejidad va atada muchas veces a los bienes del testador o al número de herederos forzosos. Cuando estos dos factores se combinan, entonces la complejidad es mayor.
Un tema de esa índole la autora lo ha encarado con inteligencia, organización, estructura y lenguaje accesible. La escritora confiesa que lo desarrollado está lleno de muchos “detalles y sutilezas” [81] con respecto al material manejado y al que obligatoriamente deja fuera. Entonces, ¿cómo describir su labor?: enderezar un “laberinto fascinante” [96] o por lo menos describir el mejor camino a seguir para que la herencia no genere discordias y malos entendidos.
Podría decirse que el libro presenta un compendio de resúmenes de artículos o figuras jurídicas principales sobre las disposiciones de este asunto. Ofrece respuestas a una gran cantidad de interrogantes frecuentes que surgen cuando se trata de herencias, desde las más simples a las más complicadas. Más allá de las palabras textuales, el texto pretende no solo explicar las disposiciones de la ley de herencia, sino que se nos presenta como una forma de entrar a asuntos íntimos, delicados, reprochables, en las relaciones personales de familias puertorriqueñas. Constituye un llamado a los sobrevivientes para armonizar sus diferencias y eliminar todos aquellos procesos que impiden la paz familiar.
Una estrategia notable pero no confesada por la autora es comunicar ideas mediante palabras “inocentes”. Es decir, de forma subrepticia el libro va dirigido, aparte de aconsejar al causante, a advertir a “ciertos herederos” que quisieran salirse con la suya, a proceder con prudencia de acuerdo con la ley. En ese sentido adopta una estructura contestataria de, por un lado, desmitificar y, por otro, afirmar realidades ineludibles. Todo esto lleva a que se configure un retrato de un sector transversal de la sociedad puertorriqueña: aquellos casos que han traído dolores de cabeza a las personas directa e indirectamente relacionadas a una herencia.
Lo interesante del libro es que pudiera producir unos efectos inusitados y dispares en ciertos lectores. Algunos se verán retratados a través de sus páginas: soy causante, soy heredero, debí haber heredado y no ocurrió, heredé lo que no me correspondía, ahora me percato que no debí haber tomado aquella decisión. Sin proponerlo, la estrategia utilizada provoca el efecto de “abrirles los ojos” a componentes del núcleo familiar con respecto a dichos y acciones de otros: por ejemplo, algunos respectivos cónyuges de los descendientes (las llamadas arpías), si fuera el caso.
Aquí encontramos los intríngulis legales detrás de una herencia para entender, por ejemplo, la cantidad de casas abandonadas o, por lo menos deshabitadas que no pueden venderse. Por otro lado, ¡quién sabe si un lector mientras lee el libro percibe que cualifica para tomar alguna acción judicial porque está a tiempo para emprenderla! Desde este punto de vista el libro es útil para quienes hayan heredado y para los que no. Además, resulta interesante la herencia que recibe un viudo o viuda independientemente de las capitulaciones matrimoniales [68].
¿Aparece en el libro todo lo que quisiéramos? Obviamente, no. La razón es la complejidad del tema a la que aludimos antes. La misma escritora se nos presenta con un rasgo que la caracteriza: su honestidad intelectual. Indica que sobre algunos temas parciales podrían escribirse otros tantos libros. Además, hace un llamado a los lectores para que la consulten sobre asuntos que necesiten aclaración.
En fin, este es el tipo de texto que debieran leer familias de todo tipo, pero me atrevería a decir que principalmente aquellas numerosas y con caudales evidentes en las que podrían suscitarse “escenarios de guerra”. En una era en que la desinformación y los datos falsos se diseminan con rapidez, el conocimiento preciso sobre herencias representa una aportación incalculable.
Resulta aleccionador conocer las vicisitudes que rodean a un testamento ológrafo, una de las contribuciones de Heredar en paz, para mejor comprender la novela de Zeno Gandía. El documento pasa de mano en mano por quienes, mediante engaños, desean apropiárselo. Casilda, la heredera forzosa, no solo no heredó una fortuna, sino que aquellos que conspiraron para arrebatársela, la indujeron a su destrucción como ser humano.
1. [San Juan], Puerto Rico. Edición de la autora, 2022
2. San Juan, La Editorial Universidad de Puerto Rico, Edición de Lilliana Ramos Collado, 2010
José Juan Rivera Hernández
Catedrático Retirado
Departamento de Español
Universidad de Puerto Rico, Arecibo
17 de octubre de 2022
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